VIAJE A MARRUECOS

DÍA 1

 

Unos golpes en la puerta del camarote a gritos ferry en el puerto me despertaron de golpe, no se las horas que habría dormido, pero sé que no fue del tirón, me vestí con la indumentaria motera haciendo mil equilibrios en aquel pequeño espacio y salí del camarote hacia cubierta para ver si podía tomar buenas imágenes de como atracaba el barco o de la ciudad de Melilla y no, aún no había amanecido.

 

Cogí las cosas y fui a por la moto, mientras colocaba las cosas escuché hablar en catalán a dos tipos que más adelante volvería a ver.

 

Bajé del barco y fui siguiendo las señales que indicaban la frontera. Eran las 6 de la mañana y desconocía si la frontera cerraba o no así que ante la duda paré a mitad de camino en el único bar que estaba abierto a tomarme un café con leche y una magdalena.

 

Salí de allí con mejor cuerpo y fui hacia la frontera, delante mío había tan solo un coche y los dos motoristas catalanes que escuché en el barco.

 

No me llevó más de diez minutos realizar todos los tramites de pasaporte y el permiso de aduanas para la moto. Una vez acabado esto charlé con los dos moteros y les pedí consejo ya que para ellos no era la primera vez. Ellos se fueron y luego salí yo, no sin antes, con uno de los policías de aduanas pidiéndome propina y lógicamente, ni hablar.

 

 

Salí dirección Nador, en mi mente solo había una cosa, cambiar dinero y comprar una tarjeta prepago para el móvil. Era pronto, además en época de Ramadán las tiendas abren más tarde (las que abren) así que decidí ir avanzando con una aplicación de mapas offline llamada OsmAnd que va bastante bien.

 

Amanecer en Nador

 

A los diez minutos de estar allí, empiezas a darte cuenta de que el cambio de lugar es evidente, las calles repletas de perros callejeros, las carreteras pulidas ya por el desgaste, los edificios en condiciones más que cuestionables y eso te incita a querer avanzar para ver más y más cosas.

 

Fui avanzando hasta llegar a Saka, allí vi una tienda abierta en la que en un cartel rezaba «Maroc Telecom» y pude comprar la tarjeta prepago. Le pedí al chico que me la activase él mismo (las instrucciones son en francés y yo de francés, ni idea). Me fui hacia la moto y comprobé antes de irme si tenía internet, y no, por lo visto el internet hay que comprarlo aparte e ir recargándolo a medida que lo vas gastando, creo que sale como a un euro el giga, así que volví a la tienda a que el chico me pusiese internet. Una vez comprobado que podía enviar Whatsapps salí de allí.

 

Más o menos a media mañana llegué a Taza y vi un banco abierto, entré para cambiar euros por dirham, el señor que me abrió la puerta me preguntó que de donde era, le dije que de Barcelona y el me dijo que era del Madrid, buscando un poco de sorna. Cambié 150 euros, algo que más adelante vería que sería poco para pasar 6 días. Salí del banco hacia un supermercado inmenso que había delante. Allí compre una toallita para limpiar el casco, que estaba de bichos hasta arriba, un paquete de macarrones, salsa de tomate y latas de atún para cocinarme yo a medio día, ya que todos los restaurantes estaban cerrados por el Ramadán.

 

 

Habiendo hecho la compra salí de allí dirección el parque natural de Tazzeka, nada más empezar a subir las montañas que forman el parque natural, me encontré con esta tortuga tan simpática que le dio por cruzar la carretera sin mirar a los lados.

 

Simpática tortuga africana


Parque natural de Tazzeka

 

Fui avanzando por el parque curva a curva, que va mezclando el asfalto con la pista de tierra, el paisaje es muy bonito así que decidí meterme por un camino que ya se intuía complicado para poder sacar el dron a escondidas y grabar un poco. Lo hice rápido, hasta que escuché a alguien, le hice volver y lo guardé rápido, nadie apareció. Salí de aquel difícil camino de cabras y al salir a la calzada había que dar un golpe de gas para superar un escalón y girar 90 grados hacia la pendiente que había, no tenía espacio suficiente de giro y la moto se me fue al suelo, con tan mala pata que como hacia bajada no se quedó apoyada en el cilindro y la caja, sino que siguió dando media vuelta más quedándose apoyada sobre la caja del lado izquierdo.

 

 

En nada apareció una mujer en coche por un sentido de la carretera y una furgoneta con dos hombres por el otro lado. No podían pasar, la moto estaba atravesada en medio. No parecían muy dispuestos a echar una mano, pero la alternativa era quedarse allí todo el día o hasta que apareciese alguien que si quisiera ayudar.

 

Al final conseguimos levantar la moto, no hubo consecuencias graves más allá de los típicos raspones en las defensas, el retrovisor y los cubremanos.

 

Seguí el viaje por aquella carretera rota hasta llegar a un pantano, era curioso el color azul del agua.

 

Quería pasar la noche en Sefrou, así que cogí el teléfono para reservar a través de Booking y encontré un sitio que por las fotos parecía interesante, reservé y fui hacia allí. Al llegar, vi que se trataba de un edificio metido en medio de un entramado de callejuelas llenas de gente comprando en lo que parecía un mercadillo. No había manera de poder dejar la moto en un sitio tranquilo y la verdad no me es de especial agrado dejar la moto toda la tarde y la noche en unas calles tan transitadas, con todo el mundo dándole golpes. Así que me fui de allí, no se me devolvió el dinero de la reserva que por suerte no había sido mucho, pagué la novatada y busqué, esta vez sí, un hotel que tuviese parking en el interior, lo encontré y antes de reservar me fui para allí a ver qué tal era.

 

Me gustó lo que vi cuando llegué y pensé que en vez de reservar a través de Booking lo haría negociando el precio con el dueño y así fue. Pagué la mitad que si lo hubiera hecho a través de la aplicación.

 

Subí a la habitación, me duché, puse las cosas a cargar y fui a cenar.

 

Hasta el día siguiente.

 

Ruta:

 

 

Hotel: Hotel Relais Saiss  Commune Rurale Oued Ifrane, P24, Sidi Bel Khair, Marruecos

 

 

DÍA 2

 

Me desperté pronto, fui a desayunar, preparé las cosas y subí a la moto en dirección Erfoud, tenía por delante 436 kilometros pero allí había quedado con Yunes, un chico que tiene una tienda de fósiles y que hace de guía por marruecos. La gran ventaja es que habla español perfectamente y el me iba a gestionar lo de dormir en una “jaima” en el desierto de Merzouga. Pero hablaremos de eso más adelante.

 

Así que emprendí el viaje dirección sur, al salir de la zona donde pernocté, llegué a un bosque en Ifrane con señales que indicaban precaución monos. Me sorprendió y no pensaba en otra cosa que poder encontrarme a alguno y sorpresa, una familia en medio de la carretera, que pasada, era la primera vez en mi vida que veía a un mono en su entorno natural, a mi lado.

 

Mami mona con su bebé en el bosque de Ifrane

 

Más adelante, a la altura de Ziz coincidí con un motorista de la república checa, se llamaba Peter. Un tío grandote muy simpático y estuvimos charlando un rato y conduciendo unos kilómetros juntos.

 

Luego nos separamos, porque a el se le voló una de las bolsas que llevaba de equipaje y tuvo que dar media vuelta y a mi me esperaba Yunes en Erfoud, y se me hacía tarde.

 

Continué el camino, no sé por qué fue pero después de rodar un rato junto a otro motorista que no hablaba el mismo idioma que tú, con ese paisaje que ya se empezaba a parecer más a las imágenes que tenemos de marruecos me metió de golpe en el viaje, en la aventura y de eso te das cuenta porque se te pone una sonrisa en la cara que no se va hasta que te seca toda la boca.

 

Tenía hambre, no encontraba ni un sitio abierto donde poder comer debido al Ramadán pero las ganas de avanzar calmaba ese hambre.

 

Llegué a Erfoud, al punto de encuentro que me había pasado Yunes por Whatsapp y me encontré con él. Nos presentamos y me hizo un tour por su negocio, explicándome los fósiles y minerales que se encuentran por esos lares y como los trabajan para hacer mesas, lavabos, etc. Me consiguió una reserva para una jaima, advirtiéndome de que pasaría calor, pero me lo recomendó tanto @Derutaconmontse que tenía que hacerlo sí o sí. Al menos me dijo que el hotel contaba con piscina y que me incluirían la cena y el desayuno.

 

Con Yunes, mi mano derecha en Marruecos

 

Me acompaño un rato en su furgoneta para indicarme la dirección a Merzouga y allí nos separamos. Emprendí la recta carretera que te lleva al desierto con muchísimas ganas y muy motivado, algo que más adelante me pasaría factura.

 

 

Llegué al desvío que me llevaba al hotel, tenía por delante unos cuatro kilómetros de pista por delante, con lo que no contaba es que iba a ser de arena. La motivación de la que antes hablaba me hizo ponerme de pie encima de la moto y avanzar decididamente, tanto que perdí el control y la rueda delantera se me enterró en la arena.

 

¡Ups!

 

Menos mal que al poco se acercaron dos bereberes en sus motillos y me echaron una mano para levantar la moto a cambio, eso sí, de diez dirhams cada uno, un euro cada uno más o menos.

 

 

Con más temple que antes fui avanzando poco a poco hasta llegar al hotel, empapado en sudor por el ejercicio y los cuarenta grados que me daban en todo el casco como un martillo.

 

 

Llegué, hice el check in y me acompañaron a la jaima, efectivamente, hacía allí dentro incluso más calor que fuera, pero el hecho de poder quitarme las botas mejoraba cualquier otra cosa. Las botas que utilizo están bien, pero no transpiran y el pie se va cociendo dentro y eso provoca que salgan esos hongos rojos que una vez el pie respira se van secando. El problema es que como al día siguiente te vuelves a poner las botas y vuelve a sudar te estás todo el viaje con los pies al tente bonete.

 

Me quité también el traje de moto y fui directo a meterme en la piscina. Me lo había ganado con creces, tenía el cuerpo tan acalorado que me costo un rato entrar en la piscina y eso que el agua no debía de estar muy fría pero el contraste me ponía la circulación de la sangre a tope.

 

 

Una vez relajado fui a comprobar si la moto tenía algún desperfecto de la caída y únicamente tenía los retrovisores que daban vueltas como como un molinillo. Sinceramente, pasaba de desmontar el petate para acceder a las herramientas que llevaba debajo del asiento, estaba fatigado hasta para eso. Ya lo solucionaría al día siguiente.

 

Fui a caminar un rato por las dunas, que sensación, que experiencia. Me preguntaba cómo podía existir algo así en el planeta, esas increíbles montañas de arena fina. Vi uno de los atardeceres más increíbles de mi vida.

 

Camellos de cuatro patas


The mummy returns


Atardecer en el desierto

 

Más tarde cené y gracias a que en el desierto la temperatura por la noche baja, pude dormir a gusto, hasta tal punto de que alrededor de las cinco de la mañana tuve que ponerme una manta encima.

 

 

¡Buenas noches!

 

Ruta:

Guía por marruecos: Africa Aventuras

Hotel: Hotel Yasmina

 

 

DíA 3

 

El calor empezaba a apretar dentro de la jaima y el primer pensamiento que se me abalanzó fue: “Uf, ahora tienes que hacer esa pista de arena infernal hacia el otro lado”. Pero bajo mi premisa de la aventura ha de continuar, me levanté, miré el móvil por si tenía alguna notificación del localizador y fui a lavarme la cara.

 

El desayuno era bueno, tenían una especie de tortitas duras y tiesas que con ayuda de mermeladas de diversos sabores entraban bien y todo eso empujado con el consabido té y zumo de naranja. Durante el desayuno charlé con otros moteros que venían desde república checa, era el sexto año que hacían ruta por marruecos.

 

Me despedí de ellos, me volví a vestir con todo el atuendo y fui a por la moto. Una vez ya montado y con la moto en marcha hablaba con ella dentro del casco diciéndole que tranquila, que todo saldría bien si estábamos juntos, que no había ninguna prisa por llegar a la parte asfaltada. Eso me servía para calmarme a mi también y así nos dábamos apoyo moral juntos.

 

Fuimos sorteando aquellas trampas de arena con pericia y a mitad de camino saltó el aviso de presión de neumáticos. Estaba a 1,5 la rueda trasera, ¿qué había pasado durante la noche?

 

No importaba, lo principal era salir de allí sin tocar el suelo. Solo veía como objetivo final los postes eléctricos que había cerca de la carretera y que cada vez estaban más cerca.

 

Al final llegamos, sin ninguna caída ni susto digno de mención. La euforia me inundó y empecé a gritar dentro del casco felicitando a Dama y a mí por habernos sacado de aquella. Juntos podíamos con todo, quería darle un apretón de gas, pero con la rueda trasera como estaba no quería más sustos. Quería llegar al pueblo a comprar una recarga de datos para el teléfono y buscar un mecánico que apretase los retrovisores ya que mi llave inglesa se partió días atrás.

 

Compré la recarga de datos y pregunté por un taller, me dijo que el único que había estaba cerrado así que no me tocó otra que emprender el camino con los retrovisores girando al viento como si la moto se propulsara con energía eólica.

 

Paré en la primera gasolinera que vi a inflar los neumáticos y a mirar que le podía haber pasado a la rueda trasera para desinflarse tanto. No vi nada, más adelante me di cuenta de que no miré bien.

 

Le pregunté al gasolinero si tenía herramientas para apretar los retrovisores y me dijo que esperase. Se presentó con unas tenazas y una llave inglesa como la que utilizan los matones de las películas cuando tienen que “apretarle las tuercas” a alguien. Después de cinco minutos conseguimos restaurar todo lo que se había aflojado por los baches y seguí la marcha con mucha energía, hacía mucho calor pero ya era consciente de donde estaba y lo que estaba viviendo.

 

Más camellos


Camellos en Merzouga

 

La planificación de hoy era ir dirección Ourzazate pasando por Les Gorgues du Dadés, así que emprendí la marcha algo preocupado porque el neumático trasero seguía perdiendo aire, a razón de 0,2 kilos de presión cada 100 kilómetros. Lo había revisado y no vi ningún pinchazo aparentemente así que lo achacaba a los baches y el calor del asfalto.

 

Las carreteras eran larguísimas, kilómetros y kilómetros de recta sin una sola sombra donde poder parar a hidratarse, paraba en los pueblos para beber y me miraban como si hubiese llegado un extraterrestre, no se si por el ramadán o por toda la indumentaria que llevaba que daba calor solo con verme.

 

 

A mitad de camino el paisaje cambió un poco, a la altura de Tinerhir la carretera pasa por un oasis que relaja un poco la vista, las palmeras proyectan sombra sobre la carretera y refrescan un poco el ambiente.

 

Había también allí un mercado, me llamó la atención el aparcamiento que había a la entrada. Deduzco que era el aparcamiento ya que había montones de burros con una pata atada al suelo esperando a ser cargados con las cosas que compran sus dueños en el mercado y volver a casa.

 

Quedaba poco rato para llegar al Dadès, la carretera que lleva hasta allí es muy bonita, el paisaje parece más de Marte que de la Tierra, a los lados ya se empiezaban a ver albergues y restaurantes y hacía que el conjunto adquiriese ese toque más turístico.

 

Aproximadamente a medio día, llegué a la parte alta del Dadès, la carretera que se ve en las fotos es realmente bastante más corta de lo que parece, pero vale la pena llegar hasta allí, las curvas son de las más cerradas que había visto nunca y sumado a la pendiente, se hace realmente interesante.

 

Garganta del Dadès

 

Cumpliendo con la tradición, pude dejar mi pegatina en la cristalera junto con la de otros viajeros con la misma satisfacción que debió de sentir Neil Armstrong al clavar la bandera de los EE. UU. en la luna.

 

Dejando spam

 

Continué un poco más para hacer la foto en la parte donde se juntan las dos gargantas. Al llegar, dos imponentes paredes se levantan a los lados y en medio una estrecha carretera al lado del rio Dadès, una vez allí di la vuelta para deshacer el camino recorrido con intención de avanzar algún kilómetro más antes de buscar hotel para dormir, me sentía bastante fatigado por no haber dormido mucho la noche anterior y llevar en la barriga únicamente el desayuno.

 

Garganta del Dadès

 

Tras varios kilómetros en los que no encontraba ningún hotel con parking, llegué a uno al lado de la carretera que tenía buena pinta, pregunté al dueño si me podía alojar y al final me quedé allí. Me costó unos 35 euros pasar la noche, con la cena y el desayuno incluido.

 

La satisfacción del día fue poder quitarme las botas, empezaba ya a tener los pies bastante castigados por los hongos y poder quitarme el calzado era toda una liberación ya que esos granitos a las horas se secaban. Me di una ducha y me tiré en la cama a descansar un rato antes de la cena.

 

Ruta:

Hotel: Kasbah Ait Ben Moro, Ihezgane, Marruecos

 

DÍA 4

 

Había dormido bien, únicamente me desperté dos veces a lo largo de la noche por el sonido de la megafonía de los minaretes llamando a la oración. Me desperecé con calma y fui a desayunar. El desayuno consistía en las mismas tortitas que la mañana anterior acompañadas con mermeladas y té. Luego bajé a la habitación corriendo ya que después de tanto té todo mi sistema intestinal se puso en marcha.

 

Al salir del hotel, a los pocos metros pude ver en lo alto de una loma un montón de gente congregada alrededor de un montículo de tierra a lo que todas luces era el entierro de alguien. Y lo estaban enterrando ahí, a unos quince metros de la carretera que cruzaba el pueblo.

 

Curiosidades.

 

El avisador de presión de neumáticos volvía a parpadear como un loco, esta vez durante la noche había perdido tanta presión que se había quedado en 1,5 kilos. Algo pasaba, pero bueno, después de parar a inflar la rueda ésta aguantaba toda la jornada sin perder mucho más, en parte mi cabeza me autoconvencía de que seguro que no había pinchado por no tener que estrenarme a la hora de reparar uno.

 

 

No sabía bien donde iba a dormir esa noche, solo sabía que iba dirección Ouarzazate, la ciudad que se dice que es la puerta al desierto del Sahara y que ha sido escenario de numerosas películas.

 

Al llegar bordee la ciudad pensando en lo mucho que odio las ciudades grandes y su anárquica manera de conducir. Paré un momento a ver que le ocurría al casco, la pantalla no bajaba bien y es que a causa de tanto bache y vibración se habían aflojado los tornillos del enganche de la pantalla y la visera. Ya lo arreglaría al llegar al hotel.

 

Busqué la carretera (P1506) que me llevaría a visitar el Ksar de Ait Ben Hadu, una ciudad fortificada declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 1987 muy bonita y curiosa debido al color que tiene que se integra perfectamente con el paisaje por compartir ese color terraceo tan particular del entorno.

 

Ksar de Ait Ben Hadu

 

Una vez visto eso puse dirección Marrakech, la carretera que luego lleva a la autovía nacional (N9) es de las más bonitas de todo el viaje, curvas y curvas que van subiendo por el valle de Tighza y que cruza pueblos muy auténticos.

 

Una vez en la nacional la cosa se complica, está prácticamente toda en obras y tienes que ir con cuidado por los baches que hay que se te pueden llegar a saltar los empastes. Si por pensar que es autovía crees que irás rápido y cómodo te equivocas. Cruzarás charcos, barro, arena, gravilla, vamos todo un curso exprés de conducción en pista aderezado con sabor al polvo que levantan los camiones, autobuses y todos los vehículos que allí se congregan.

 

Al llegar a Marrakech las normas de circulación las aprendes rápido, el más agresivo gana y ante la duda el que toca el claxon con mayor desenfreno. Busqué un cajero donde retirar algo de dinero y sin problema, pude retirar dinero sin que me cobrasen ningún tipo de comisión.

 

Busqué un hotel donde alojarme y encontré uno de cuatro estrellas, con parking propio y vigilado por cuarenta euros con desayuno incluido. Decidí quedarme en aquel hotel un par de días para aprovechar y visitar Marrakech más tranquilamente y tomarme un día de descanso para poder vaciar las tarjetas de memoria, escribir y reposar en la piscina.

 

Marrakech es digna de visitar, desde el hotel cogí un taxi ya que la medina estaba a cinco kilómetros y no tenía ánimo de conducir por allí en la moto.

 

Una vez en la medina, el taxista me enseño una tienda donde podía comprar especias, aceite de argán, etc. El Marrachí que me atendió hablaba español y me fue explicando una por una todas las cosas que vendía en su tienda. Allí compre Ras el Hanout, el té típico de marruecos, unos cristales de eucalipto, el pintalabios bereber conocido como Aker Fassi, el “eyeliner” árabe llamado Kohl, aceite de Argán y alguna otra cosilla.

 

 

Luego fui al Zoko, un lugar impresionante cargado de colores y olores. Lo primero que me llamó la atención fueron los puestos de comida en los que tenían propuestas gastronómicas de la zona y de lo más exótico como la sopa de caracoles. Las moscas revoloteaban por los puestos, al principio iba con muchas ganas de cenar allí, y probablemente lo hubiese hecho de no viajar en moto (no es agradable tener que buscar un lavabo cuando la cosa aprieta reiteradas veces) así que preferí no jugármela y cenar en el hotel.

 

el Zoko de Marrakech

 

Callejeé un rato entre las paradas de artesanía, donde compré un imán de nevera para la colección y un camello pequeñito hecho a mano para llevarlo en la moto.

 

Al salir de allí algo que me sorprendió y no agradablemente fue ver a uno de los monos que había visto días atrás, pero esta vez con una argolla en el cuello y una cadena la cual sujetaba un tipo y lo trataba a tirones y golpes para exponerlo ante los turistas. Estaba al lado de otro que exponía serpientes para que se hiciesen fotos con ellas.

 

Al salir del Zoko negocié el precio de vuelta en taxi y regresé al hotel, donde me duché y cené. Tomé un cocktail antes de ir a dormir, es decir, si se puede conseguir alcohol en marruecos debido a que hay sitios con licencia y esta al mismo precio que en España.

 

Ruta:

 

 

Hotel: Hotel Marrakech Le Semiramis. Boulevard Abdelkrim Al Khattabi, Marrakech

 

Tienda donde compré: Herboristerie Palais El Badia. Arset Iamaach, 22

 

DÍA 5

 

Dormí perfectamente, en parte gracias al aire acondicionado de la habitación, bajé a desayunar cámara en mano para después salir a dar una vuelta por Marrakech y hacer alguna foto. Estuve un par de horas caminando y sacando fotos de la vida normal de la gente en esa ciudad.

 

Volví al hotel para escribir un rato y preparar la ruta del día siguiente. Arreglé el casco, lo limpié e hice lo mismo con todo el material de grabación.

 

Pasé la tarde escribiendo en la habitación y editando los videos hasta la noche.

 

Cené y me acosté.

DÍA 6

 

Dejé el hotel por la mañana después de desayunar, al iniciar la marcha la rueda de atrás estaba más desinflada que nunca así que busqué rápidamente una gasolinera donde inflarla y salir dirección Tánger ya que al día siguiente salía el ferry que me llevaría a Barcelona.

 

En la gasolinera conocí a unos madrileños la mar de majos que me iría encontrando a lo largo del viaje.

 

Puse el navegador dirección Tánger, por autopista había unas seis horas por delante y en la opción sin peajes ocho. La decisión estaba clara, ocho horas se me antojaban demasiadas por carreteras marroquíes así que me dispuse dirección autopista.

 

Con el paso de los kilómetros la rueda trasera seguía perdiendo aire al ritmo normal que días anteriores hasta que de repente se activó el aviso de presión de neumático y la presión empezó a bajar mucho más rápido.

 

Ahora sí que sí, había pinchado, estaba seguro.

 

Salí en la salida más cercana, por suerte había un árbol y una buena sombra debajo de él. Subí la moto al caballete central y efectivamente, ahí estaba, un tornillo cabrón que por su estado debía de llevar ahí media ruta conmigo pero que con el tiempo se había ido clavando más.

 

El tornillo cab**

 

Pues nada, a proceder como se suele hacer en estos casos.

 

Paso 1: Subirlo a las redes sociales y lamentarte públicamente.

Paso 2: Armarte de paciencia y recordar los tutoriales de YouTube que habías visto meses atrás sobre como se arregla un pinchazo con el kit ese de los “churrillos” de caucho y bombonas de gas.

 

La verdad que en unos dos minutos ya tenía el pinchazo reparado y listo para seguir, al principio solo le puse una carga de gas, pero la presión de la rueda era 0,5 y tal y como iba de cargado me daba cosa seguir con la rueda así y le puse otra carga hasta llegar a 1 y así ir con más seguridad hasta la siguiente gasolinera.

 

 

Fueron pasando los kilómetros y las horas hasta llegar a Tánger, nunca en mi vida había conducido con unas rachas de viento tan fuertes, para ir en línea recta la moto iba tumbada como si fuese Marc Márquez. Que sensación de apuro, no se si era la mejor idea, pero pensé que poner la velocidad de crucero en cien kilómetros por hora favorecería que la trazada fuese mejor que ir dando o quitando gas a medida que te sacudían los golpes de viento y me funcionó. Vamos, si no dudo que estuvieses leyendo esto.

 

 

Al llegar a Tánger di varias vueltas antes de encontrar un hotel con parking y encontré uno a las afueras. Me duché, me vestí y salir a dar un paseo para visitar aquella ciudad. La verdad que pierde todo el encanto marroquí de los lugares más al sur, eso sí, el atardecer sigue siendo espectacular y quedan unas fotos realmente interesantes.

 

 

Volví al hotel para cenar, cené pronto, a la hora que ellos cenan con el ramadán que suele ser sobre las 19:30h. La cena fue copiosa: la sopa harira, medio tajín de pollo, fruta, dulces, zumos, etc.

 

Al acabar me dirigí a la habitación a leer un poco para hacer tiempo a bajar toda esa cantidad de comida hasta que al final me quedé dormido.

 

Ruta:

 

Hotel: Ramada Encore. Lot 1 Baie de Tanger, Tangier 90000

 

 

DÍA 7

 

Último día en territorio africano, saqué el dron del estuche donde lo llevaba y lo escondí en un bolsillo de la chaqueta, por lo que me comentó Montse era posible que en aduana metiesen la moto en un arco que escanea todo el equipaje y recuerdo que el dron está prohibido en Marruecos así que como es bastante pequeño, en la chaqueta pasaba bastante desapercibido, pero eso no quitaba que fuese con el culillo apretao.

 

Salí del hotel con bastante margen de tiempo para llegar al puerto y que no hubiese contratiempos.

 

Vuelta otra vez a conducir con aquel viento infernal, cuarenta minutos de carretera de curvas con un viento que yo no se como la gente puede colgar la ropa limpia fuera y no tener que acabar yendo a buscar las bragas a la isla de Perejil.

 

Al llegar al puerto de Tánger Med y pasar el primer control policial, llegué a un inmenso aparcamiento de coches en el que a lo lejos dos hombres me hacían indicaciones de que me acercara a ellos. Al parar al lado de uno de ellos me preguntó por el pasaporte. Ambos llevaban dos acreditaciones colgando del cuello, antes había visto policías que no van uniformados y a veces se hace difícil saber quien es y quien no. Le enseñé el pasaporte y me pregunto si iba a Barcelona con Grimaldi y le contesté que sí. A lo que el hombre me quita el pasaporte de las manos y se pone a andar a paso ligero.

 

Eso me puso a alerta, pegué un salto de la moto y fui corriendo hacia el mientras el otro hombre que se había quedado a mi lado gritaba tranquilo.

 

Agarré al hombre y le quité el pasaporte de las manos diciéndole que si estaba loco, que ni en broma volvía a tocar mi pasaporte. Lo guardé, subí a la moto y fui hacia el embarco.

 

Aun no se que podría haber hecho con mi pasaporte, pero intuyo que nada que me favoreciese lo más mínimo.

 

Fui pasando los controles de la frontera sin problema y al ir en moto bastante más rápido que los que iban a cuatro ruedas.

Al llegar al control comprometido, me paro el policía, me miró de arriba abajo y me preguntó:

  • ¿Llevas hachís?

¡Uf! Menudo alivio, sin dudar lo más mínimo dije que no y me dejó pasar sin problema.

 

Fui avanzando hasta llegar a la puerta de embarque del ferry que me llevaría a Barcelona.

 

Kilometros y kilometros de insolación

 

Agradecimientos:

 

A mis padres, ante todo, ellos saben el porqué.

 

A Anna, por estar presente conmigo en todo momento.

 

A @derutaconmontse y @lucasmoto1212 por sus consejos y su predisposición a ayudarme.

 

A Yunes de África Aventuras, por asesorarme en su país y preocuparse de que fuese todo bien.

 

A Atlantis Moto, por colaborar con este proyecto y darme tranquilidad a la hora de localizar mi moto.

 

A tod@s los que habéis ido siguiendo a través de Instagram mis aventuras y me habéis escrito.

 

¡Hasta la próxima!

Ruta por marruecos en Google Maps (Orientación sin pistas offroad)

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies